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*Ladrillazo*

Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar
S Type 2004, sin ningún tipo de precaución. De repente, sintió un
estruendoso golpe en la puerta y se detuvo. Al bajarse, vio que un
ladrillo le había estropeado la pintura, y carrocería de la puerta de su
lujoso auto. Se subió nuevamente, pero esta vez lleno de enojo. Dio un
brusco giro de 180 grados, y regresó a toda velocidad al lugar donde vio
salir el ladrillo que acababa de arruinar lo hermoso que lucía su
exótico auto. Salió del auto de un brinco, y agarró por los brazos a un
chiquillo, y empujándolo hacia el auto estacionado, le gritó a toda voz:
-"¿Qué rayos fue eso? ¿Quién eres tú? ¿Qué crees que haces con mi
auto?". Y enfurecido, casi botando humo, continuó gritándole al
chiquillo: -"¡Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a
costarte muy caro! -¿Por qué hiciste eso?" -"Por favor, señor, por
favor... ¡Lo siento mucho! No sé que hacer". Suplicó el chiquillo. "Le
lancé el ladrillo porque nadie se detenía.." Las lágrimas bajaban por
sus mejillas hasta el suelo mientras señalaba hacia el otro lado del
auto estacionado. -¡"Es mi hermano"! Le dijo. "Se descarriló su silla de
ruedas, y se cayó al suelo... Y no puedo levantarlo". Sollozando
preguntó al ejecutivo: -"¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en
su silla? Está golpeado, y pesa mucho para mí solito... Soy muy
pequeño." Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el
ejecutivo tragó grueso el taco que se le formó en su garganta
Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al
joven del suelo, lo sentó nuevamente en su silla, y sacó su pañuelo de
seda para limpiar un poco las cortaduras y el sucio de sobre las heridas
del hermano de aquel chiquillo tan especial. Luego de verificar que se
encontraba bien, miro al chiquillo, y este le dio las gracias con una
sonrisa que no tiene posibilidad de describir nadie... -"DIOS lo
bendiga, señor... y muchas gracias" Le dijo. El hombre vio cómo se
alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas
de su hermano hasta llegar a su humilde casita... Cuentan que el
ejecutivo aún no ha reparado la puerta del auto manteniendo la hendidura
que le hizo el ladrillazo.. para recordarle el no ir por la vida tan
distraído y tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para
que preste atención. Dios normalmente nos susurra en el alma y en el
corazón, pero hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillo a ver si le
prestamos atención. Tú escoges: Escuchar el susurro... o sentir el
ladrillazo

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